Solsticio de invierno. Poesía. (2019)

 Ahí está él. 

Ha caminado estas calles

tantas veces, tantos pasos. 

Ahí está él. 

Hoy va despacio. 


Un millón de luces, 

contando historias de fiesta. 

Un millón de rostros, 

marchando a un mismo compás.  

Hacia un destino que a él

no se le reveló.


Sus pasos son pasitos.

En este tumulto no se puede correr.

No se puede empujar. 

Las piernas se agarrotan.

La paciencia se agota. 




Ahí está él. 

Cansado. 

Carga todo lo que le dio el año

y que pasó, ausente de sí, 

viviendo sin vivir del todo. 


En sus hombros curvos, tristezas,

en sus ojos, lágrimas sin derramar. 

Garganta rebosante

de palabras sin pronunciar.


Rotas, las cuerdas vocales

por la palabras lanzadas

demasiado pronto, 

demasiado fuerte, 

demasiado tarde. 


El frío afila todos los bordes.

Pincha,

se clava,

se astilla.


Busca en los ojos de los transeúntes.

Algunos, como los suyos.

Otros, llenos de ilusión. 

Borrachos de estímulos de luz.

De villancicos sin fin. 

De regalos que duran la vida de una mariposa.


Parte de él siente envidia. 

Es forastero en la fiesta. 

Su hogar es la naturaleza.


Su alma es un espejo del cielo blanco

que invita a vaciar la mente. 

Su cuerpo quiere estar quieto, 

acurrucado como la osa en la cueva.

Silencio, ayuno, vivir por dentro. 


No vive la fiesta,

vive el Solsticio de Invierno.

Y  espera. 


Espera a la promesa de la primavera.

A los deseos de su alma.

A su lluvia de energía. 

A las flores de inspiración.

Al abrazo de la poesía.




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