Las ramificaciones del inconsciente (2019)

 Jesús se acercó a la puerta con las manos temblorosas y el corazón helado. 


En la consulta, la doctora Martínez le esperaba bolígrafo en mano. Respiraba hondo y se repetía “lienzo en blanco” a sí misma. Lo hacía siempre que recibía a un nuevo paciente, para vaciar las alforjas de las emociones que había dejado el anterior.  


“Lienzo en blanco”, se repitió, mientras sonreía a un taciturno Jesús que la miraba  de reojo. 


“Bueno, ya sabe usted por qué estoy aquí. No me queda otra”, dijo, desplomándose en la silla. 


Jesús se miró el dorso de las manos translúcidas. Se perdió en las arrugas resquebrajadas de sus nudillos. Contó las venas azules, luego las verdosas. Jugó a dibujar constelaciones con sus pecas y a crear figuras geométricas con las falanges. Miró sus mordidas uñas y les puso una fecha de caducidad a cada una. 


Mientras, la doctora tomaba nota de su discurso, desconectado y recitado como un niño que aprende las tablas de multiplicar.  


Hoy no le sacaría nada en claro. Jesús vivía en dos realidades: ésta, que no le gustaba.  


Y otra, en las ramificaciones del inconsciente, donde su Natalia aún vivía.




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