Jimena (2018)

 Ella era el flautista y yo el ratón.


Nos perdimos en las calles de piedra fría y años de historia. Escuchando su voz, viví dos atardeceres rosados en el mismo día.  Jimena dejaba un rastro de pasos flotantes y olor a rosas, con el sonido del cantar de las cigüeñas.


Llegamos a la muralla; yo, jadeante y ella como si nada, con sus llaves en la mano. 


Sin palabras, me habló de hogar y raíces. De amor. De tierra. 


Jimena apretó mi mano y se hizo una con la brisa. Y yo me quedé en Ávila para siempre. 




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