¿Sobrepasado por las redes sociales? Desconecta.

 ¡Bip, bip! - suena tu teléfono. Te llevas la mano al bolsillo. A tu mejor amigo le gusta la página de Carrefour. “Pues muy bien”, piensas. Te llevas el móvil al bolsillo de nuevo. 


¡Bip, bip! Tu amiga ha compartido una página de humor. Te ríes. Te vas a la página. Le das a me gusta. Pasas un tiempo indeterminado de tu existencia viendo el muro de la página. Te ríes con una tira cómica. Ves que alguien la critica. “Qué imbecil”, piensas. “Le voy a contestar, por imbécil”. 


Porque eso va a cambiar el mundo. 


¡Adiós, media hora de tu existencia perdida en los confines de facebook!


Hablo de facebook porque casi todos estamos en él y lo usamos. Yo soy la primera que ha perdido demasiado tiempo en leer cosas y ver fotos que realmente no han aportado nada a mi vida.


Pero facebook, en mi opinión no es negativo. ¿Cómo podría ser negativo el uso de una red que nos une a casi todos? Gracias a ella, he crecido como persona, he mantenido contacto con personas a las que aprecio pero que viven en el otro lado del planeta. He podido conectar con otros humanos que comparten intereses que no encuentro en gente de mi alrededor. 


El límite está en el momento en que no podemos vivir sin él. ¿Sabías que el 84% de las personas con móvil no pueden pasar un día sin él? Estamos hablando de un invento relativamente moderno. Abrí mi facebook en 2007 - lo cual constituye 25 años de mi vida sin redes sociales per se. No tuve un teléfono hasta 2004 - 22 años de mi vida sin ser localizada cuando salgo a dar una vuelta. 


Las redes sociales, mal usadas, se convierten en una muleta para escapar. Nos ayudan a escapar de la intimidad con la persona con la que compartimos espacio. Nos ayudan a escapar del momento vacío que sería ideal para descansar nuestro sentidos y hacer introspección. Nos ayudan a compararnos los unos a los otros y salir perdiendo o ganando. Nos ayudan a sacar lo peor de nosotros mismos escudados por la pantalla del móvil o del ordenador. 


Bien usadas, son una maravilla. Puedes encontrar que hay gente hablando “tu mismo idioma”. Nos conecta y nos hace sentir apoyados por personas que no están alrededor. Aprendemos, compartimos, nos alegramos juntos. También podemos ver que la otra persona está bien de forma rápida, si nos hemos enterado de algún desastre en la zona.


Porque precisamente las redes sociales son un moneda con dos caras, voy a proponerte que de vez en cuando, desconectes. 


Desconecta porque entre todas esas fotos de regalos excesivos en Navidad, fotos de abdominales en baño o de maquillaje, vacaciones y borracheras, pierdes el contacto con las maravillas y milagros que te rodean. Se te olvida lo que tú tienes, lo que puedes agradecer y celebrar entre tanto exceso externo. 


Desconecta porque los milagros de tu vida ocurren de manera más real que virtual, delante de tus ojos. 


Desconecta porque pese a que las conexiones en Internet son maravillosas, es necesario que encuentres intimidad, cercanía y conexión con las personas de tu entorno. De lo contrario, apagar el ordenador o el teléfono te crearán una sensación de horrible soledad. Incluso estando acompañado.


Desconecta porque no hay nada más poderoso que mirar a los ojos a la persona que tienes delante de ti. 


Desconecta porque no tienes que estar informado de todo. Te aseguro que no pasará nada si no ves las noticias o te das un descanso de ellas de cuando en cuando. 


Desconecta porque así puedes dedicarte a “hacer tu vida” y dejar de “leer qué hacen los demás en la suya”. 


¿Desconectamos un rato?


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