Crear una vida feliz y saludable con Reiki (Revista Salud Natural)
Si preguntas a las personas de tu alrededor que es lo que más desean en este El miedo: uno de los sentimientos humanos más comunes que existen. Si estás vivo, en algún momento de tu vida has sentido miedo.
El miedo es la angustia que te invade cuando estás en presencia de un peligro.
Este peligro no tiene por qué ser real y tangible, sino que puede ser perfectamente imaginario. Cuando sientes que tu seguridad personal o la de aquellos que amas está en entredicho; cuando tu sentido de la supervivencia se ve amenazado, en tu cuerpo saltan todas las alarmas y se despliegan todos los síntomas que conocemos como miedo.
Necesitas más espacio alrededor.
Te repliegas, para evitar contacto externo.
No puedes parar de mover los dedos, la pierna… estás inquieto.
Tu respiración se vuelve más rápida y más superficial.
Sube tu pulso y tu tensión arterial.
Se te seca la boca y tienes las palmas de las manos sudorosas.
Tienes tics faciales.
Te quedas paralizado.
Te salen sarpullidos.
Aunque el miedo haya sido una de nuestras respuestas al peligro para asegurar la supervivencia, no tiene sentido estar dominado por él en tu vida cotidiana.
Cuando sentimos miedo, no pensamos con claridad: estamos concentrados en la huida de aquello que atenta con nuestra seguridad imaginaria. Preocupados por pensamientos que nos vaticinan un futuro desagradable para el que no estamos preparados.
Curiosamente, son precisamente el miedo y la preocupación los mayores muros a la hora de acceder nuestras capacidades naturales de resolución de problemas. No podemos encontrar soluciones viables, ¡estamos muy asustados!
En esos momentos, la solución más deseable es la huida: escapar de la situación y no estar metidos en ella. Pero, ¿qué ocurre cuando no puedes escapar de esa situación?
Es hora de cambiar el foco. Con la presencia del miedo, la claridad mental se resiste. Con la calma y la paz mental, unida a la atención al momento presente, el miedo se disuelve y se hace lo suficientemente fino como para poder traspasarlo y llegar al otro lado de la cortina.
Calma + Atención al Presente + Confianza + Respiración = Disolución del miedo
Concentrándote en la calma, serás mucho más capaz de elegir pensamientos positivos y modificar tu respiración para acompasar tu estado de ánimo.
¿Cómo puedes trascender tu miedo?
Sé consciente de tu miedo. Para algunos es más fácil que para otros. Hay personas que viven con los ataques de pánico como compañeros de vida. Otras tienen al miedo como una sensación ligeramente incómoda que viene a verlos de cuando en cuando. Sea cual sea el nivel de miedo que experimentes en tu vida diaria, sé consciente de su existencia. No lo niegues. Cualquier sentimiento negado y reprimido se hace mucho más grande y, lo que es peor, se disfraza y se queda atrapado en tu inconsciente.
Concéntrate en lo que puedes controlar. Es fácil sobreestimar la propia capacidad de solucionar las cosas. Toma responsabilidad por ti mismo: ¿qué puedo hacer yo para vivir esta situación con calma? ¿Qué cosas puedo controlar? ¿Qué otras no puedo tener entre manos? ¿Puedo delegar? ¿Estoy dando por hecho que tengo que ocuparme de esto? ¿Es realmente mi responsabilidad?
Confiar como mantra personal. Cuando ya has tomado entre tus manos los asuntos que puedes controlar, es momento de confiar. “¿Pero cómo puedo confiar si no sé si esto saldrá bien?” Es un salto fuera de tu zona de confort al espacio donde crecen los sueños y las oportunidades. Necesitas confiar y creer en ti mismo. Debes ser la persona que más confía en tus posibilidades de supervivencia y éxito.
Soltar las expectativas. El miedo a no conseguir nuestras metas y objetivos es un gran obstáculo que nos ponemos delante. También es la raíz del autosabotaje: si no confías en que puedes conseguir tus metas, si tienes miedo a que éstas no se materialicen, estás plantando semillas para que ocurra precisamente aquello que temes. Te animo a aferrarte a una sola expectativa, por muy contradictorio que sea este consejo: pase lo que pase, ocurra lo que ocurra, sabrás cómo gestionarlo para sacar el mejor resultado para ti.
Recibe Reiki: o regálate un autotratamiento si ya estás iniciado. En Reiki, sobre todo si ya tienes Reiki II, podrás trabajar tu cuerpo emocional y mental con el símbolo Sei-he-ki. Traza Sei-He-Ki en las palmas de tus manos y trata específicamente el área donde sueles tener acumulada toda la tensión que el miedo te produce. En mi caso, trato el área del estómago e intestinos y los chakras que rigen sobre ellos. Con los ojos cerrados, visualiza el miedo como una bola oscura que lanzas hacia la luz. Si acudes a terapia, cuéntale a tu terapeuta de Reiki tus síntomas actuales y sabrá cómo tratarte.
El miedo no desaparecerá, ¡eres humano! Pero sabrás vivir con él como una sensación que está bajo tu control y no como una guía que determina tu vida y tus posibilidades.
Sabrás transformar situaciones incómodas en experiencias sanadoras, a través de las cuales te conocerás aún más a ti mismo.
Cada vez que el miedo te invada, te invito a seguir este proceso: reconocimiento, aceptación, orden, confianza, liberación de expectativas y Reiki para sanar tu cuerpo mental y emocional.
Puedes hacerlo.
mundo, te dirán mil respuestas diferentes:
Un cuerpo sin dolor, uno más musculado, uno más delgado, más de este lado, menos de éste...
Ser millonario.
Poder viajar a cualquier parte del mundo.
Ser libre.
Tener un carácter diferente: ser más valiente, ser más alegre…
Me gustaría que ahora parases y te lo preguntases a ti mismo.
¿Qué es lo que más deseas en este mundo?
Quizá tus deseos sean más altruistas en apariencia: “que a mis hijos no les falte de nada”, “que mi familia no viva en conflicto”, “que todo el mundo esté bien de salud”.
¡Bien! No hay deseos erróneos. Ahora pregúntate por qué quieres eso. Luego, pregúntate otra vez por qué. Después, otra vez.
Cuando termines la hilera de porqués, te quedará una respuesta muy sencilla y esencial, el esqueleto de todos los deseos: quieres ser feliz.
Todos queremos, en esencia, ser felices. Quizá me digas ahora que conoces a un par de personas que no quieren ser felices. Te diré que sí, que son felices: mediante la queja, mediante el conflicto u otros aspectos que tú consideras como sufrimiento, ellas consiguen la felicidad, el confort, el anhelo de seguridad y el cariño que tú también buscas. Tu búsqueda tiene otra forma.
Nos pasamos la vida deseando ser felices y casi siempre nos ponemos a buscar esta receta mágica en lo externo.
¿Qué puedo aprender? ¿Qué puedo conseguir? ¿Cómo puedo ser mejor en esto? ¿Cómo puedo ganar más dinero? ¿Cómo puede importarme menos lo que opinen los demás? Cuando consiga x, entonces y sólo entonces, seré más feliz.
Yo también me he contado estas historias una y mil veces. Ser feliz era algo disponible al final de un proyecto, de un reto, de un éxito, de una relación, de una sorpresa inesperada, de una cuenta bancaria saneada. Ser feliz, tal y como nos lo hemos contado, se nos da.
Cuando descubrí Reiki y empecé a practicarlo, me di cuenta de que la felicidad me la doy yo. Cuesta trabajo. Pero no es un trabajo de conseguir cosas, de andar persiguiendo objetivos, es un trabajo de dejar de creerse historias. De dejar de ponerse condiciones al amor. De permitirse la aceptación.
Pensamos que si nos aceptamos tal y como somos, no mejoraremos. Si nos sentimos satisfechos con nosotros mismos y con lo que hacemos, no avanzaremos. Pero no es así.
La verdad es que cuando realizas este salto y empiezas a mirarte con los ojos del amor, con los de la compasión, con los del mejor amigo… es cuando eres capaz de elegir opciones que te ayuden, que resuenen con tu naturaleza, que te impulsen hacia arriba.
Cuando el cambio viene del amor y no de la necesidad de corregir lo que supones un error, entonces, tu nivel de resistencia baja y la experiencia, la enseñanza, es mucho más duradera y potente.
A tu disposición tienes multitud de caminos, un montón de herramientas a tu alcance. No importa mucho por dónde empieces, siempre que te decidas a empezar. Es lo más difícil de todo. Si estás dispuesto a amarte a ti mismo y comenzar un camino hacia el reencuentro con tu propia felicidad, da un paso. Por muy pequeño que parezca.
Así lo hice yo cuando comencé a caminar el camino de Reiki y utilizar las poderosas herramientas que ponía en mi mano.
Pero, ¿qué es Reiki?
Reiki es una técnica energética que se aplica a través de las manos, poniéndolas en diferentes posiciones a lo largo del cuerpo. Estas posiciones coinciden con los centros energéticos de tu cuerpo, que seguro que ya conoces como los famosos chakras.
¿Cómo se bloquean los chakras? No vivimos de la manera más natural y relajada posible. Nos perdemos en el tumulto de la existencia y en la persecución de objetivos de manera ciega, competitiva y continua. Acabamos agotados de nuestras propias actitudes, drenados de la energía con alimentos que no son naturales y sufriendo las consecuencias de los hábitos físicos y mentales que no nos apoyan, sino que sabotean nuestras posibilidades de felicidad y equilibrio.
Iniciándote en Reiki y aprendiendo los sencillos conceptos de su aplicación ya puedes comenzar a beneficiarte de esta técnica. Pero iniciarse no es absolutamente necesario para beneficiarse de dos aspectos sencillos que vamos a tratar a continuación. Los puedes aplicar desde ahora mismo.
Los 5 Principios.
Mikao Usui fue el monje zen que organizó la estructura de lo que hoy conocemos como el sistema Reiki Usui, pero que en su esencia es la utilización de la energía universal a través de las manos que la humanidad viene utilizando desde que se tiene memoria.
Entre los tesoros del legado de Usui, puedes encontrar una joya de paz práctica: la aplicación de los cinco principios.
Una vida de paz interior es una semilla para una vida feliz, que es nuestro objetivo principal.
Sólo por hoy. Los cinco principios empiezan por las palabras “sólo por hoy”. Sabes lo difícil que es responder por el tú de mañana. Tampoco puedes cambiar lo que hizo tu yo de ayer. El único momento de poder, de decisión y de acción real es el hoy. Entre tus manos está el momento de ahora para poder actuar como necesitas hacerlo.
No me enfadaré. Qué complicado. Cuántas cosas nos pueden sacar de quicio al día. Quizá seas una persona para la que enfadarse sea realmente el reto. En cualquier caso, ¿cómo te sientes cuando te enfadas? ¿Realmente te da el suficiente poder personal como para cambiar las cosas desde el corazón? ¿Estás actuando o sólo reaccionando a la vida? ¿Son tus decisiones desde el enfado claras o turbias?
No te preocupes. Una de mis favoritas a recordar, ¡aún no he conocido a una persona que no se preocupe! Yo incluida. Siempre nos estamos preocupando por algo. Al cerebro le gusta estar entretenido con posibles resultados de lo que hacemos. A ser posible, todos terribles. Quizá tienes algo que hacer y tu cerebro te engaña diciéndote que si estás preocupado por ello, es como si realmente te estuvieras ocupando del tema. ¿De qué sirve la preocupación? ¿En qué forma te es útil preocuparte? Destapa su historia.
Sé agradecido. Estás rodeado de un sinfín de cosas, personas y experiencias que te pueden recordar, si tú las dejas, que eres un ser afortunado. Conecta cada día con tu gratitud y recuerda una, cinco, diez, veinte aspectos de tu vida sobre los que puedes estar profundamente agradecido. Si este principio te resulta especialmente difícil, te invito a preguntarte si no habrás dejado demasiado espacio en tu vida para el fantasma de la comparación. Ese que siempre mira al vecino antes de sonreír, únicamente si ha pasado por encima al otro en algún aspecto.
Haz tu trabajo con honradez. No sólo se refiere al trabajo, sino a todo lo que produces en tu día. ¿Cuál es la intención que inspira tus acciones diarias? ¿Qué te motiva en el camino hacia tus objetivos? ¿Cómo te mueves hacia tus sueños? Revisa tus actitudes a menudo y observa en qué modo puedes alinearlas con tus principios y valores más profundos.
Sé bondadoso con todas las criaturas vivas. No hay paz más profunda que la que se siente al ser compasivo, bondadoso y afectuoso con los demás. No hay necesidad de vivir a la defensiva. “¿Y qué ocurre con los aprovechados? ¿Qué pasa si me vienen a tomar el pelo?” Tú también eres una criatura viva, ¿verdad? Pues sé bondadoso contigo mismo. La existencia de personas que no aprecian un trato bondadoso no es una justificación para dejar de realizarlo. Es una fantástica oportunidad para aprender que ser bondadoso no implica no saber poner límites.
Respirar para elevar la conciencia.
Todos respiramos, pero no tenemos idea ni entrenamiento en cómo el ritmo, la modalidad de la respiración y su trabajo pueden tener un efecto tan poderoso en nuestro cuerpo y nuestra mente.
Nadie nos enseña a respirar. Y es cierto que si manejas tu respiración, controlas con mucha más facilidad tu estado emocional. La respiración puede relajar o reavivar, bajar o subir la temperatura del cuerpo. Su descontrol también nos lleva también a perder el aliento, tanto física como emocionalmente.
Recuerda que tienes esta herramienta a tu disposición y respira a menudo con más conciencia. En Reiki utilizamos la respiración para realizar los tratamientos, para calmar y acompasarnos con la persona que estamos tratando, para entrar en conexión con la conciencia que somos.
Pruébalo ahora. Junta tus manos frente a tu pecho. Manténlas relajadas y con los dedos un poco curvados. Siente la energía entre tus dedos: una energía que es tuya propia. Inspira sin forzar y lleva el aire a la parte baja de tus pulmones. Exhala, también por la nariz, despacio. Repite tres o cuatro veces. Después, lleva el aire a la parte media de tus pulmones y repite tres o cuatro veces. Finaliza llevando el aire a la parte alta de tus pulmones. Exhala por la nariz, lentamente, durante todo el proceso.
Puede que miles de pensamientos invadan tu mente. Déjalos pasar, no luches con ellos. Continúa respirando, ésta vez llevando el aire por todos tus pulmones. Recuerda no forzar, sino tomar el aire que al ritmo de tu respiración le resulta natural. Con la práctica, con el recuerdo de que puedes respirar conscientemente, su ritmo se hará más y más lento y profundo.
Ya puedes ver que no hace falta estar iniciado para poder empezar a beneficiarse de Reiki. La energía está ahí, al alcance de tu respiración, para poder ser accedida y utilizada. Tu calma mental también aumentará con la aplicación de los cinco principios.
Tu mente y tu cuerpo te lo agradecerán. Tú puedes crear esa vida plena, llena de salud y feliz desde este momento.